La próxima guerra no será de tanques, sino de presupuestos y código
Imagina un mundo donde las war no se libran solo con soldados, sino con algoritmos, drones y decisiones automatizadas que ocurren en milisegundos. Hace poco, escuché una prediction inquietante: los avances en la tecnología de defensa podrían transformar el campo de batalla tanto como lo hizo la industrialización en la Primera Guerra Mundial. Si es cierto —y no lo sé con certeza, pues mi especialidad es la economy —, entonces no solo cambiará cómo se combate, sino cómo se financia. El gasto militar ya no impulsará empleos de fábrica a gran escala, sino que generará oportunidades en laboratorios de technology y startups de inteligencia artificial.
Durante décadas, tras la Guerra Fría, el mundo redujo su military como porcentaje del PIB, confiando en alianzas y estabilidad. Pero ahora, según el FMI y el Informe Económico del Presidente, entramos en una nueva era. Países de la OTAN aumentan sus presupuestos, presionados por tensiones geopolíticas y figuras como el expresidente Trump. Estados Unidos propone ya un presupuesto de defensa de US$1,5 billones para 2027: un salto del 40% en un solo año. Gran parte de ese dinero no irá a tanques o bases, sino a sistemas de defensa tecnológicos: ciberseguridad, armas autónomas, redes de vigilancia. La nueva battlefield será digital.
En el pasado, este tipo de gasto funcionaba como un estímulo masivo: creaba jobs en astilleros, fábricas de aviones y comunidades enteras dependientes de contratistas. El FMI estima que el multiplicador fiscal del gasto militar es de 1 —es decir, cada dólar invertido genera un dólar en PIB—. Pero esta vez, los beneficios podrían concentrarse en sectores más estrechos. Pequeñas empresas tecnológicas ganarán contratos, pero los trabajadores manuales y la clase media no sentirán el impacto igual. La guerra moderna exige menos soldados y más engineers , menos fábricas y más centros de datos. El estímulo sigue existiendo, pero es más preciso, más frío.
Y hay un riesgo silencioso: la debt pública. Niall Ferguson advirtió que cuando un país gasta más en intereses que en su ejército, su declive ha comenzado. Hoy, Estados Unidos goza del 'privilegio exorbitante': puede pedir prestado barato por ser superpotencia. Pero si el gasto en defensa sube sin reducir otros rubros —como los sociales—, el servicio de la deuda podría desplazar al presupuesto militar. O peor: el miedo a la insostenibilidad elevaría las interest , debilitando la hegemonía. La pregunta ya no es solo quién gana la próxima guerra, sino quién puede pagarla sin quebrarse.
Al final, hay una ironía: si EE.UU. prioriza el gasto militar sobre el social, sería la primera vez en el siglo XXI que invierte más en los jóvenes que en los mayores. Un giro simbólico. Y aunque la guerra impulsada por inteligencia artificial suena distante, sus efectos económicos podrían sentirse mañana. Como ocurrió con DARPA y el nacimiento de internet, hoy el gasto en defensa podría sembrar innovaciones que transformen la economy civil. No será una guerra de trincheras, sino de líneas de código. Y su campo de batalla también será el budget nacional.
Interesante cómo el technology tecnología redefine no solo la guerra, sino quién se beneficia del gasto.
¿Y si el mayor peligro no es un ataque enemigo, sino la quiebra por intereses impagables?
El prediction predicción de Ferguson sobre deuda e imperio es escalofriante. Historia repitiéndose.
Claro, más presupuesto para defensa, pero ¿dónde están los controles? Que no nos vendan seguridad con deuda eterna.
El budget presupuesto de US$1,5 billones me parece desproporcionado. ¿Eso realmente nos hace más seguros?
Como ingeniero, veo oportunidades. El jobs empleos del futuro estarán en defensa tecnológica, no en fábricas viejas.
La industrialización mató millones en la Gran Guerra. ¿Qué dejará la automatización?
Priorizar a los jóvenes con inversión militar suena bien, pero ¿a costa de la salud y educación?