El reloj corre: ¿hacia un apagón digital en México?
El clock avanza y la curve de registro de líneas móviles en México sigue muy por debajo del ritmo necesario. Hasta el 19 de abril, solo 30.2 millones de identificaciones se habían completado frente a un universo de 144,585,131 líneas activas. Eso significa que el 79.11 por ciento del total aún no ha sido registrado. La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) anunció que el deadline termina el 30 de junio, y después de esa fecha, las líneas no registradas serán suspendidas. Lo que comenzó como una medida regulatoria ahora se convierte en una amenaza económica de gran alcance.
La realidad digital del país es clara: 83.1 por ciento de la población de seis años o más usó Internet en 2024, y 97.2 por ciento de ellos lo hizo a través de un smartphone. Pero aquí está el detalle clave: 79.9 por ciento de los usuarios de telefonía lo hace en prepago. En el caso del Internet móvil, 84.4 por ciento son líneas prepago. Esto no es solo un asunto técnico; es un salvavidas digital para millones. Suspender una línea no solo corta llamadas, también interrumpe pagos, autenticaciones, mensajería y acceso a servicios esenciales. Es como cerrar la puerta principal a la vida cotidiana.
El impacto económico es profundo. El Valor Agregado Bruto del Comercio Electrónico alcanzó 2,308,458 millones de pesos en 2024, equivalente al 6.9 por ciento del PIB. Una interrupción del 10 por ciento de esta actividad significaría una pérdida de 19,237 millones de pesos al mes. Plataformas de movilidad, entrega, educación, finanzas y salud se verían afectadas. El conductor que necesita datos para aceptar viajes, el comerciante que vende en línea, el estudiante que toma clases virtuales, el paciente que accede a telemedicina: todos pierden. Lo que parece un simple trámite de identity se convierte en una falla en cadena.
El problema no es el objetivo del registro, sino su ejecución. Un sistema que depende mayoritariamente del prepago —sin contratos ni bancarización— es más vulnerable. Y en zonas rurales, donde la información llega tarde o no llega, el riesgo es aún mayor. La CRT planea una campaña llamada 'Registra tu línea', pero ya van 68 días de margen hasta el apagón. Peor aún: coincidirá con los dieciseisavos de final del Mundial de fútbol, cuando el país estará en el centro del escenario internacional. Un apagón masivo no solo afecta usuarios, sino la imagen nacional. ¿Es este el tipo de visibility que busca el gobierno?
La economía digital mexicana ya no es un complemento: es una columna vertebral. La línea móvil es la key que abre acceso a servicios, ingresos y derechos. Suspenderla en bloque no es una medida de seguridad, es una restriction de acceso masivo. Si el objetivo es ordenar la red, no puede lograrse desconectando a quienes más la necesitan. Se necesita una salida política: una prórroga, un esquema por etapas, una protección para los más vulnerables. Un regulador inteligente no solo aplica reglas, también mide sus efectos y corrige. Porque cuando millones pierden conexión, no es solo un fallo técnico: es un failure social.
¿Y qué hacemos quienes vivimos en comunidades alejadas? Aquí ni señal hay, let alone ni hablar de registro oficial.
La campaña 'Registra tu línea' suena bien, pero ¿dónde están los centros de apoyo? No todos tenemos acceso a online form formularios en línea.
Primero los pobres, siempre. El prepago es lo único que muchos podemos pagar, y ahora nos van a castigar por no tener documentation documentación completa.
A mi edad, ¿quién me va a enseñar a hacer trámites por celular? Esto es una barrier barrera para personas como yo.
El gobierno habla de inclusión digital, pero impone condiciones que generan exclusión. Ironía pura.
Imagínense el caos en entregas y transporte cuando miles de repartidores pierdan conexión en pleno Mundial. Esto no es solo un problema personal, es riesgo nacional.
¿Y si recargo mi línea cada semana, pero no tengo INE? ¿Eso me convierte en invisible ante la ley?
Lo más triste es que todo esto era previsible. Nadie pensó en los efectos colaterales. Ahora pagaremos todos, daño colateral incluido.