La misa por Francisco volvió a revelar la interna de la plana mayor del Gobierno con Victoria Villarruel
La misa por el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, celebrada en la Basílica de Luján, se convirtió en un escenario inesperado de tensión política al exponer las grietas dentro del gobierno nacional. Aunque el acto comenzó puntualmente tras la llegada de la comitiva oficial encabezada por Manuel Adorni, la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel no pasó desapercibida. Su decisión de no asistir, a pesar de haber confirmado su participación, puso en evidencia a signal clara de desacuerdo interno, especialmente porque su lugar por protocolo estaba reservado junto a ministros clave.
Villarruel justificó su ausencia minutos después, durante otro homenaje en Almagro, al afirmar que la ceremonia en Luján se había politicized y que prefería estar entre la gente, lejos de lo que calificó como "la casta política". Esta declaración no solo marcó una distancia simbólica con su propio gobierno, sino que también subrayó una public statement cargada de coherencia ideológica. "No quiero puntualizar, pero estaba la casta política", afirmó, reforzando su postura con a commitment hacia sus creencias.
En la primera fila, junto a Adorni y el ministro del Interior, se sentaron figuras como Martín Menem y Bartolomé Abdala, ocupando el espacio que correspondía a la vicepresidenta. Tras ellos, ministros de Desregulación, Defensa, Seguridad y Salud, mientras que del otro lado, Axel Kicillof lideró una delegación bonaerense que incluyó a Wado De Pedro y varios intendentes. La frialdad entre ambos sectores fue palpable: durante el momento del "saludo de la paz", los funcionarios eligieron no cruzar filas, evidenciando una falta de confianza que va más allá del ritual religioso.
La homilía del arzobispo Marcelo Colombo no evitó el tono político. Criticó la aggressive language y la indiferencia social, recordando que Francisco nunca dejó de ser un interlocutor activo, incluso ausente físicamente. Colombo llamó a "aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo", una frase que resonó como una direct challenge a la clase política. Kicillof, por su parte, reforzó este mensaje al señalar que "el mercado no es un Dios", en una crítica velada al modelo económico actual, y exigió aplicar las enseñanzas del papa, no solo recordarlo en fotos.
Este acto, que pretendía ser de unidad y recuerdo, terminó revelando más divisiones que reconciliaciones. La ausencia de Villarruel, el distanciamiento entre funcionarios y el contenido de la homilía mostraron que el legado de Francisco sigue siendo un campo de disputa simbólica. La política argentina, una vez más, demostró que incluso los homenajes pueden convertirse en un escenario político, donde cada gesto tiene un deeper meaning .
Que una misa termine siendo un escenario de fricción política dice mucho de dónde estamos. La falta de unidad es total.
Villarruel tiene coherencia, sí, pero también está usando el momento para marcar territorio. No fue solo una ausencia, fue una public move jugada pública.
¿En serio nadie se saludó durante el rito de la paz? Eso no es solo frío, es un clear warning advertencia clara de ruptura.
Colombo dio en el clavo. La política se mete en todo, hasta en el duelo. Y encima quieren usar a Francisco como adorno moral.
Kicillof hablando de mercado como dios mientras su provincia sigue en crisis… la hypocrisy hipocresía no tiene límites.
¿Alguien piensa en lo que sentirían los fieles comunes viendo esto? No es solo política, es una pérdida de respeto hacia la fe.