La voz que escuchó a las juventudes: adiós a Rossana Reguillo
En un rincón del ITESO, donde las ideas solían fluir como corrientes subterráneas, hoy hay un silencio inusual. silence que no se mide en decibeles, sino en la ausencia de una voz que por décadas interpretó las youths latinoamericanas no como sujetos de estudio, sino como protagonistas de su propio relato. La doctora Rossana Reguillo Cruz, investigadora emérita del Sistema Nacional de Investigadores y figura central en las ciencias sociales de México, falleció a los 70 años. Su partida no es solo una pérdida académica; es el cierre de una era en la que la violencia no se analizó desde la distancia fría de los datos, sino desde la cercanía de la escucha social y la memoria política arraigada en su doble herencia: la república española exiliada y la oralidad chiapaneca.
Desde que en 1977 ingresó a la biblioteca del ITESO, Reguillo fue construyendo un puente entre lo académico y lo cotidiano. research nivel III del SNII e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, su camino no siguió rutas tradicionales: fue invitada a formarse dentro de la institución, y allí germinó una carrera de casi cinco décadas. Su enfoque transformó la forma de estudiar a las young people : dejó atrás las miradas institucionales para centrarse en sus prácticas, sus narrativas y sus estrategias de resistencia. En su libro emblemático, Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto, Reguillo demostró que el desasosiego juvenil no era caos, sino response a un mundo que les negaba pertenencia.
En años recientes, su mirada se volvió hacia las sombras digitales. Fundó el laboratory interdisciplinario Signa_Lab ITESO, un espacio pionero en el análisis de cómo circula la información en plataformas como Twitter (hoy X). Allí, junto a colegas y estudiantes, desentrañaba patrones de conversación, identificaba algoritmos de influencia y cuestionaba el poder de las redes sociales. No temía nombrar lo oscuro: acuñó conceptos como “narcomáquina” y “necromáquina” para describir cómo el poder, la economía y la muerte se entrelazan en contextos de violencia estructural. Para ella, las plataformas no eran neutrales; eran spaces de disputa simbólica donde se juega el presente y el futuro.
El eco de su legado ya se siente en los tributos que han surgido. El Instituto de Estudios Críticos la recordó como un “espíritu indomable, sonrisa perenne”, y afirmó: “Que su brasa nos acompañe siempre”. El periodista Salvador Camarena, en su cuenta de X, escribió: “Ha muerto Rossana Reguillo. Mi maestra, mi amiga. La investigadora social indispensable para entender las violencias en México, siempre al lado de los jóvenes y de las buscadoras”. En ese reconocimiento late una verdad: Reguillo no estudió desde arriba, sino desde adentro. Su vida fue una conversación abierta con América Latina, una búsqueda constante de entender cómo se habita la life cuando la violencia es parte del aire que se respira. Y aunque su voz ya no resuena en los pasillos del ITESO, sus preguntas siguen echoing en cada joven que se atreve a contar su historia.
Su concepto de necromáquina cambió cómo veo la violencia en mi comunidad. No es solo crimen, es sistema.
Fue mi mentora en el ITESO. Decía que la investigación sin empatía es solo ruido. Gracias, doctora.
¿Creen que el Signa_Lab continúe su trabajo con la misma ética? Las redes siguen siendo battlefield campo de batalla.
Hija del exilio y de la tierra. Esa mezcla le dio una mirada única, profunda, rooted arragada en la historia.
Importante, sí. Pero no idealicemos: también tuvo críticas por enfocarse demasiado en lo simbólico.
Leí su libro en la prepa. Fue la primera vez que sentí que alguien entendía lo que vivimos en las colonias.
Que triste noticia. Su trabajo sobre addictive design diseño adictivo es clave para proteger a los menores en redes.
Una intelectual que supo tejer lo personal, lo político y lo académico sin perder claridad.