El regreso incómodo: cuando el enemigo de ayer es la esperanza de hoy
En medio del derrumbe económico global tras la war , nació una idea audaz: evitar que el proteccionismo arrastrara al mundo a nuevas crisis. En conference , Estados Unidos acogió a los aliados para diseñar un nuevo orden. De allí emergieron dos gigantes: el Banco Mundial y el fund —el FMI—, ambos concebidos como pilares para estabilizar la economy planetaria. John Maynard Keynes, voz influyente de la época, apostó por un sistema que no solo reparara destrozos, sino que construyera resiliencia. Pero lo que comenzó como una respuesta a la devastación evolucionó hacia un poder que muchos hoy ven como juez y verdugo.
Con el tiempo, el FMI adquirió un dual rol: observador técnico y prestamista exigente. No entrega dinero sin conditions . Exige reformas profundas: reducción del spending público, lucha contra la corruption y apertura económica. Su misión oficial es clara: evitar que los países repitan los errores que los llevaron al colapso. Pero esa intervención, aunque técnica, se siente como una imposición. Para gobiernos de izquierda radical y dictaduras, el FMI representa el rostro del imperialismo económico. Acusan al organismo de imponer recetas que benefician a las potencias, no a los pueblos.
Venezuela, por décadas, convirtió al FMI en chivo expiatorio. Bajo Chávez y Maduro, una campaña mediática sistemática presentó al Fondo como enemigo de la nation . Diosdado Cabello, figura central del régimen, clamaba en cadena nacional que el fund no volvería a gobernar al país. Incluso acusó sin pruebas a empresarios de traicionar a Venezuela negociando con el organismo. En 2015, prometió expulsar al FMI y al Banco Mundial para siempre. Esas palabras, retóricas y absurdas, resonaron en una sociedad cada vez más desinformada, donde el odio al FMI era consigna obligada en actos oficiales.
Hoy, el guion se invierte con una ironía grotesca. Cabello, el mismo hombre que lideró la cruzada en contra del FMI, ahora defiende su regreso. Sin pudor, critica a sus propios aliados por resistirse a las recomendaciones del organismo. El giro no es simbólico: Venezuela busca recuperar 5 mil millones de dólares retenidos. Pero el return al FMI exige un programa de ajuste severo: controlar la inflation , eliminar subsidios clientelares, cesar la persecución a empresarios y poner fin a los envíos masivos de petróleo a Cuba. Las mismas medidas que durante años se denunciaron como ataques imperialistas, ahora son pedidas como salvación.
¿Cómo se atreve Cabello a pedir ahora lo que satanizó? La hipocresía del régimen no tiene límites.
Los loans préstamos con condiciones duelen, pero sin ellos no hay salida. ¿Será que esta vez sí harán los ajustes?
Primero nos dijeron que el FMI era el diablo. Ahora nos dicen que es el salvador. ¿En qué quedamos?
Recordemos que en 2019 Venezuela perdió el reconocimiento del FMI por ilegitimidad del gobierno. Eso no se borra con un giro retórico.
Si de verdad aplican las reformas, podría haber luz al final del túnel. Pero dudo que un régimen corrupto cumpla.
El monto de 5 mil millones de dólares no es pequeño. Pero el costo político y social de los ajustes será alto.