El recorte que no hace ruido: ¿quién defiende la ciencia en Chile?
En un país donde la ciencia ya jadea con apenas el 0,34% del PIB destinado a investigación y desarrollo, un recorte de más de 170 mil millones de pesos suena como un cuchillo en la sombra. No hay sirenas, no hay manifestaciones, pero el daño silencioso es profundo. Este no es un ajuste cualquiera: afecta becas de postgrado, redes de collaboration científica y programas estructurales que mantienen viva la producción del conocimiento. Reducirlos no es prudencia. Es una amputación programada.
Los efectos no estallan de inmediato, y eso es lo más peligroso. Un laboratorio no se cierra al día siguiente; un investigador no abandona su trabajo de golpe. Pero poco a poco, los students dejan de postular, los teams se desintegran y el talent formado en el extranjero no encuentra dónde encajar. Formar un doctor cuesta entre 80 millones y 120 millones de pesos. Eliminar 500 becas al año ahorra dinero hoy, pero sacrifica el future del capital humano científico.
Cada año, Chile produce entre 15.000 y 20.000 publicaciones científicas, muchas sostenidas por programas como los Anillos o Milenio. Cuando estos desaparecen, no solo se acaba un proyecto: se rompen international , se disuelven equipos interinstitucionales, se pierde la masa crítica necesaria para innovar. No se puede reconstruir eso con una nueva convocatoria ni en un solo ciclo presupuestario.
Mientras tanto, el gasto en defensa absorbe entre el 1,8% y el 2,0% del PIB: cinco o seis veces lo destinado a ciencia. No se trata de demonizar un rubro, sino de señalar que las priorities están desiguales. Un presupuesto no es solo una hoja de cálculo; es una declaración de valores. Y esta decisión dice, sin palabras, que el sistema científico puede esperar. Pero cuando el país necesite respuestas, tal vez ya no haya quién las dé.
El verdadero costo no se mide en millones recortados, sino en preguntas que nunca se harán, en innovación que no nacerá, en jóvenes que buscarán horizontes lejos de casa. No será una crisis visible, sino una erosión lenta. Y cuando Chile se pregunte por qué no logra diversify su economía o por qué el éxito científico sucede afuera, la respuesta ya tendrá nombre: fue el quiet cut que nadie detuvo.
¿Cómo explicas que invirtamos más en defensa que en conocimiento? La seguridad no solo es militar.
Un recorte así no se nota hoy, pero en cinco años las universidades estarán vacías.
Formar un científico toma una década. Perderlo por falta de una beca es short term visión cortoplacista pura.
¿Y los doctores que ya están afuera? Si no hay programas de reinserción, return volver no será una opción.
Este artículo debería leerlo cada rector de universidad en Chile.
No se trata de más dinero, sino de usarlo bien. Pero eliminar lo esencial no es efficiency eficiencia, es abandono.
La ciencia no es un lujo. Es la base de cualquier país que quiera dejar de depender de materias primas.
¿Así queremos competir en el futuro? Con menos scientists científicos y más recortes.